4 de diciembre de 2008

LAS POSADAS

Las posadas son fiestas populares que en México se celebran durante los nueve días antes de Navidad, o sea del 16 al 24 de Diciembre. Estas fiestas recuerdan el peregrinaje de María y José desde su salida de Nazaret hasta Belén donde buscan un lugar donde alojarse para esperar el nacimiento del niño Jesús.
En el México prehispánico celebraban el advenimiento de Huitzilopochtli (Dios de la Guerra) durante la época invernal o Panquetzaliztli, que iba del 17 al 26 de diciembre, que coincidía con la época donde los europeos celebraban la Navidad. Estas celebraciones fueron cambiando una vez que el pueblo fue evangelizado y la imagen de Huitzilopochtli fue sustituida por la de José y María.
Amenizadas con cánticos o villancicos, las posadas reaniman el espíritu religioso de los participantes, están llenas de emoción, alegría y amistad que siempre se respira durante este tiempo. Las posadas tradicionales tienen ligeras variantes de acuerdo al lugar en donde se celebren y han ido cambiando con el tiempo, sin embargo los aspectos comunes más importantes son el pedir posada con los villancicos tradicionales, el rezar el rosario, el romper la piñata, y claro que nunca pueden faltar los aguinaldos, el ponche, las velas, la fruta, las luces de bengala y en algunas ocasiones la cena y los regalos.
Para empezar, en varias poblaciones las posadas se celebran en las calles las cuales previamente se adornan con hilos de heno y faroles. Y en otras muchas poblaciones se sustituyen los tradicionales peregrinos de barro por elementos vivos, causando mayor emotividad entre los asistentes.
No existe templo, parroquia o capilla por pequeña que sea que durante el período del 16 de Diciembre al 6 de Enero, que no levante un nacimiento en ocasiones con verdaderas joyas escultóricas o figuras de barro realizadas en Tonalá o Tlaquepaque y celebren las posadas con cantos religiosos, guijolas, panderos, triángulos, etc., para crear mayor alegría en los asistentes
A la hora de pedir posada, la tradición nos dice que José y María tuvieron que ir de puerta en puerta pidiendo posada, este hecho podría no ser muy relevante ya que es muy probable que no hayan sido los únicos peregrinos que no encontraban lugar para pasar la noche, pero el caso de José y María es muy especial ya que María se encontraba embarazada y a punto de dar a luz.
Para representar este acontecimiento, dos voluntarios se pueden vestir como José y María, o pueden utilizar figuras de los peregrinos de las que se colocan en los nacimientos.
Los peregrinos acompañados por un grupo de invitados a la posada salen de la casa y piden posada en la puerta, entonando los villancicos. Las personas que se quedaron en el interior de la casa deben negar la posada obligando a los peregrinos a pedir posada dos o tres veces, hasta darles hospedaje con los cantos tradicionales (villancicos).
Se acostumbra rezar el Rosario pues este es en realidad el por qué de la celebración, pues por el amor a María es que celebramos que está a punto de dar a luz a Jesús simplemente no la podemos dejar fuera de esta celebración. Al rezar el Rosario, entre misterio y misterio se hace una pequeña reflexión … hay muchos libros con lecturas especiales para estas reflexiones
Esta es quizá la parte mas divertida de la posada (sobre todo cuando eres niño).
Esta actividad esta repleta se símbolos y analogías…. La piñata debe ser una piñata de 7 picos que representan los 7 pecados capitales pero además debe estar llena de dulces que representan la gracia de Dios, la venda en los ojos representa la fe, el palo representa a Dios y los que gritan representan a la iglesia católica.
El acto de romper la piñata puede interpretarse mas o menos de la siguiente forma: Cada uno de nosotros con una fe ciega (ojos vendados) en la ayuda de Dios (el palo) nos disponemos a combatir el pecado (intentar golpear la piñata), nuestros hermanos nos ayudaran y nos indicaran el camino a seguir para lograrlo mas fácilmente (los gritos de la gente) y cuando finalmente logremos vencer al pecado (romper la piñata) la gracia de Dios (los dulces) se derramaran sobre nosotros
La posada termina con una convivencia en la que se puede dar de cenar a los invitados e inclusive puede haber bebida. Hay quien dice que la cena es para celebrar que se venció al pecado (se rompió la piñata). Los 9 días tradicionales de posadas se hacen en honor a los 9 meses de embarazo que vivió María
Estas fiestas se realizan todos los días desde el 16 de diciembre hasta la noche del 24. En las colonias la gente se reúne en diferentes casas, al principio se forma una pequeña peregrinación donde al frente van dos o varias personas cargando pequeñas estatuas de José, María, el Ángel y a veces un burro (en muchos lugares se llega a representar en vivo con gente personificada). Originalmente se rezaba un rosario antes de empezar o durante la posada; después se reparten velas y se prenden para cantar la letanía, se camina hasta el frente de una casa y se canta para pedir alojamiento (posada) para José y María, después las personas que ya estaban dentro de la casa cantan para negar el asilo hasta que ven que son José y María quienes lo piden; se deja entrar a toda la gente cantando "entren santos peregrinos", y aquí es donde comienza la diversión.
Luego toca el turno a romper la piñata. La piñata se hace con una olla de barro que se cubre con papel de muchos colores y se rellena de dulces y fruta, esta representa al demonio con los colores llamativos para cautive al hombre y seda a la tentación. Las piñatas originales constaban de siete picos que representaban los siete pecados capitales. Para romperla primero se cuelga, los niños esperan su turno para pegarle con un palo y finalmente romperla; pegarle a la piñata con los ojos vendados representa la fe como una virtud que nos permite creer sin tener que ver; el palo con el que se le pega representa la fuerza de la virtud para romper las tentaciones del mundo. Una vez que se rompe la piñata caen los dulces y fruta que contenía y finalmente todos se lanzan a fin de recoger una parte; el relleno de la piñata representa el amor de Dios ya que al destruir al mal se obtienen los bienes anhelados. A las personas que no pueden acercarse a recoger dulces se les reparten "aguinaldos", que son bolsitas con dulces, galletas y fruta para que nadie se quede sin los beneficios de la piñata.
Y así las fiestas continúan de casa en casa, hasta el día de Navidad.

Más sobre el consumismo

En estos sitios podrás encontrar más información sobre el consumismo.

¿Realmente necesitamos tantas porquerías?
http://www.neoteo.com/consumismo-realmente-necesitamos-tantas-porquerias.neo

¿Qué es el consumismo?
http://sepiensa.org.mx/contenidos/2006/f_consumismo/consumismo1.html

Un artículo de la BBC en español.
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/newsid_3383000/3383529.stm

Consumismo ¿dañino?
http://www.contrapeso.info/articulos.php?id_art=2915&id_sec=5

La página de la PROFECO
http://www.profeco.gob.mx/

LOS ROSTROS DEL CONSUMO (parte 1)

Arq. Luis Mariano Acévez
Coordinador General de Investigación y Divulgación
Procuraduría Federal del Consumidor

1. Consumo y conciencia: lo que nos hace humanos
Desde el momento de nuestra concepción en el vientre materno, todos los seres humanos consumimos y cuando dejamos de hacerlo es porque estamos muertos. Inevitablemente todos somos consumidores y compartimos esta característica con los demás seres vivos.
Pero hay diferencias importantes: las plantas y los animales solo consumen para su óptimo desarrollo. Toman lo que necesitan hasta conseguir un equilibrio armónico, según la naturaleza de cada uno. Por eso no podemos hablar de palmeras gordas, aunque sí de palmeras desnutridas. La mejor palmera, la palmera que consigue realizar su “palmeridad” completa, es la que crece en las mejores condiciones, pero no se excede nunca, porque no lo necesita. Las palmeras, los delfines, las hormigas y las medusas “saben” lo que necesitan para llegar a ser plenamente palmeras, delfines, hormigas o medusas. No se sabe que haya leones vegetarianos ni chapulines que beban leche ni jirafas con el vicio de atrapar topos para comérselos.
Los seres humanos, en esto, somos muy diferentes. Consumimos muchas más cosas que una palmera o una hormiga. Consumimos carne, pescado, insectos y moluscos, agua, vino, muchos distintos licores y bebidas extrañas, zanahorias, yogurt, tabaco —también sol y oxígeno, shampoo, cine, música, literatura y fútbol— y al consumir todas estas cosas nos movemos entre dos fuerzas. Una que parece guiada solamente por el placer individual y la gratificación inmediata (que produce a los humanos gordos —de alma y de cuerpo— hasta la enfermedad) y otra, que nos permite pensar y discernir frente a las opciones de consumo.
Podemos ir por la vida consumiendo sin conciencia alguna o bien podemos hacerlo pareciéndonos un poco a las palmeras y a los delfines, eligiendo lo que mejor convenga a nuestro propio desarrollo físico, mental, emocional y espiritual. Paradójicamente, necesitamos de la conciencia para ser tan virtuosos como los seres vivos que no la tienen. Pero los humanos no sabemos siempre con claridad qué queremos ser, como sí lo saben otros seres vivos. Nosotros tenemos que trabajar mucho para ir definiendo lo que queremos llegar a ser. Es un asunto de conciencia. Solamente así podemos elegir entre un vaso de leche o una Coca Cola; entre un tiempo dedicado a la lectura de poemas de Sor Juana o al reportaje diario de “Big Brother”. No es que sea mala la Coca Cola o “Big Brother”. De hecho podría ser nocivo beber únicamente leche o leer únicamente a Sor Juana. Se trata de darnos cuenta de lo que hacemos, de darnos cuenta de los modos en que consumimos y del significado que esos modos tienen para cada uno de nosotros.
El rostro de un consumo adecuado es el mismo rostro de lo que nos hace verdaderamente humanos: la conciencia. Y este es el primer eje de la educación para el consumo que Profeco busca impulsar a través de todas sus acciones.

LOS ROSTROS DEL CONSUMO (parte 2)

2. Consumo y solidaridad: los pobres
Parece que algunas personas (la minoría) pueden consumir prácticamente lo que quieran, porque tienen suficiente dinero para hacerlo. Sin embargo, esto no es exacto. Por mucho dinero que se tenga, siempre habrá cosas muy difíciles, si no imposibles de consumir. Esas personas pueden viajar y comprar lo que les venga en gana, pero siempre dentro de ciertos límites. Nadie puede comprar el Castillo de Chapultepec ni los derechos de autor del mole negro oaxaqueño. Nadie puede comprar los sueños de Marilyn Monroe ni la primavera, ni el idioma español. Nadie puede comer todo a la vez: es indispensable seleccionar en el menú, aunque no importen los precios.
En el mundo y particularmente en México, existe una gran cantidad de personas (la mayoría) que viven en la pobreza, sin opciones reales de consumo. Sin embargo, consumen. No pueden escoger, pero no pueden dejar de consumir, aunque sus opciones sean muy reducidas o prácticamente nulas, porque no se puede sobrevivir sin consumir.
Ricos y pobres transformamos en energía los alimentos que consumimos, convertimos en reservas de grasa lo sobrante y desechamos lo inútil después de la digestión. Acaba siendo lo mismo una langosta thermidor, que una tortilla dura. La diferencia está en el significado que le damos. En lo que le sucede a cada uno durante el proceso que va entre elegir un platillo y eliminarlo. ¿Tenemos derecho a consumir lo que sea y como sea en un país con 40 millones de pobres?
La experiencia de siglos ha demostrado que la distribución es profundamente injusta: mientras más tienen algunos para consumir, menos tiene la mayoría. Un rico puede elegir entre decenas de platillos. Para un pobre el abanico se reduce dramáticamente. Cuando esa diferencia persiste, se traduce —tarde o temprano— en un malestar compartido.
Este es el segundo eje de la educación para el consumo que Profeco busca impulsar a través de todas sus acciones. La solidaridad.

LOS ROSTROS DEL CONSUMO (parte 3)

3. Consumo y responsabilidad: el medio ambiente
Muy lejos de la sabiduría de los ciclos y de las cadenas ecológicas de la naturaleza, los humanos hemos usado al mundo sin restricciones y lo hemos devorado sin contemplaciones. No hace falta ilustrar las heridas profundas infligidas a algunas especies animales, al mar, al aire y a la tierra en todas partes. Los humanos hemos sido todo, menos inteligentes y previsores. Heredamos un planeta enfermo y tal parece que estamos dispuestos a dejarlo agonizante en las manos de nuestros nietos.
Un botón de muestra: solamente en el estado de California se tiran a la basura, bajo el cielo abierto, seis mil computadoras obsoletas cada día.
El tercer eje de la educación para el consumo que Profeco busca impulsar es este: la responsabilidad con las generaciones venideras, expresada en el respeto al medio ambiente.

LOS ROSTROS DEL CONSUMO (parte 4)

4. Consumo y libertad: la publicidad
Conducida por la dinámica fenomenal de las ganancias económicas, la publicidad nos convence de que en el mercado hay muchas opciones para elegir, aunque la diferencia no siempre sea tan real. En algunos productos como la leche o el agua, por ejemplo, las diferencias son casi imperceptibles. Pero la publicidad se encarga de agrandarlas (y algunas veces de inventarlas) para hacernos comprar tal o cual marca. En el supermercado encontramos quince o veinte diferentes tipos de cereales y hemos aprendido —sin cuestionarlo— que a mayor número de opciones somos más libres para elegir. Con frecuencia, compulsivamente, consumimos lo nuevo como si lo nuevo siempre fuese mejor, sin preguntarnos si realmente lo necesitamos para crecer y desarrollarnos como personas.
El cuarto eje de la educación para el consumo que Profeco busca impulsar es el desarrollo de nuestra capacidad crítica frente al torrente de la publicidad y la comercialización a ultranza. Es el eje de la libertad.

LOS ROSTROS DEL CONSUMO (parte 5)


5. Consumo y poder: la organización
Por demasiado tiempo la iniciativa ha estado del lado de los proveedores. Bajo la dinámica de los mercados muy frecuentemente asimétricos, ellos llevan la ventaja y son quienes determinan los productos y los servicios que deben ofrecerse, en función de necesidades no siempre legítimas, y nos convencen de su pertinencia.
Pasivamente, los consumidores aceptamos la oferta y nos esforzamos por acceder lo antes posible a la esfera de la felicidad que esos productos y esos servicios nos prometen.
Al momento de comprar un teléfono celular, una camisa o un equipo de video, por ejemplo, sabemos que es ya obsoleto, que precisamente en ese momento ha aparecido otro teléfono más ligero, otra camisa realmente de moda y otro equipo de video que presenta más funciones. Sin embargo, aceptamos entrar en la carrera irracional y sin fin del consumismo. Ignoramos que lo que verdaderamente estamos comprando no es ni un celular ni una camisa ni un equipo de video, sino lo que todo eso significa en términos de status y de reconocimiento. El consumo de competencia, el consumo de exhibición.
Hemos olvidado el potencial enorme que tenemos como consumidores, si nos organizamos para reflexionar, para criticar, para comprar en conjunto, tomar la iniciativa e influir positivamente en el equilibrio de las relaciones comerciales. El poder de la organización puede ser gigantesco y tener un efecto directo sobre la calidad de bienes y servicios. Un consumidor exigente y organizado estimula directamente la calidad.
Este es el quinto eje de la educación para el consumo que Profeco busca impulsar: la organización de los consumidores.

LOS ROSTROS DEL CONSUMO (parte 6)

6. Consumo e inversión: una visión diferente
Tradicionalmente hemos considerado al consumo como un “gasto”, como un acto terminal que disuelve, que acaba con los productos y los servicios. Nos comemos las pizzas y los helados, los hacemos desaparecer, los derretimos. Nos acabamos los zapatos, olvidamos las canciones, convertimos en humo los cigarros y las vacaciones, “atacamos” las enfermedades, tiramos las llantas y las baterías muertas, nos bebemos la vida de un sorbo.
Como casi todo es desechable, sustituible por algo mejor, compramos para consumir y consumimos gastando.
Muy distinto sería si pudiésemos vivir todo ese proceso como una inversión y no como un gasto. Cuando invertimos lo hacemos con la mirada puesta en un beneficio futuro. Cuando “gastamos” lo hacemos pensando únicamente en satisfacer una necesidad inmediata. Invertir para ser mejores personas, desde el consumo, significa darle al gasto un sentido diferente; racionalizarlo y darle una dimensión social.
Comer y viajar, comprar y descansar, divertirse y dormir, transportarse y aprender, todo lo haríamos en función de un desarrollo personal pleno y equilibrado.

LOS ROSTROS DEL CONSUMO (parte 7)

7. Consumo y educación: el nuevo ciudadano
En México se han dado las condiciones para el surgimiento de un nuevo ciudadano. Este nuevo ciudadano tiene que ser —necesariamente— un nuevo consumidor. En la construcción de este nuevo ciudadano, juega un papel fundamental la educación para el consumo.
Como la concebimos en Profeco, la educación para el consumo incorpora los seis ejes anteriores y los propone como el sentido de todas las acciones que la ley establece como responsabilidad de la institución.
¿Cuál es el perfil de este nuevo consumidor, de este nuevo ciudadano?
La característica principal está en el desarrollo de su conciencia. El nuevo ciudadano es una persona informada, que percibe y se da cuenta, cada vez con mayor claridad, de lo que le sucede a ella misma y de lo que sucede en su entorno. El nuevo consumidor, el nuevo ciudadano, es sobre todo una persona conciente.
Es también una persona solidaria. Sabe que hay millones de mexicanos con un acceso muy restringido o casi inexistente al consumo. Sabe que cualquier decisión afecta a los demás, porque vivimos en una sociedad cada vez más interrelacionada, en la que el bienestar (o el malestar) se comparte necesariamente.
El nuevo consumidor es responsable. Conoce el potencial que tienen sus decisiones de consumo sobre la salud y sobre el equilibrio de la vida en el planeta y piensa en las generaciones que nos siguen.
El nuevo consumidor es crítico frente a sus propias necesidades y frente a la dinámica del mercado y la publicidad. Puede discernir frente al alud de mensajes publicitarios. Es libre.
El nuevo consumidor se organiza, porque sabe que la organización da una fuerza y un poder que no se alcanzan individualmente. Y puede, además, participar con mayor eficacia y convertirse en un elemento activo con peso específico en las relaciones comerciales.
Esta es la visión que la nueva Profeco busca impulsar.
Una visión centrada en los consumidores, en el universo riquísimo de mexicanos que compartimos el privilegio de vivir en un país generoso que todavía no ha sabido, sin embargo, ser suficientemente sensible para hacer justicia a todos sus hijos.
Tenemos enfrente un reto enorme: transformarnos a nosotros mismos —para transformar a México— nutriéndonos de una historia que, en Profeco, se traduce en logros y en resultados indiscutibles.
Transformarnos a nosotros mismos, convertirnos en nuevos ciudadanos capaces de vivir solidariamente con responsabilidad y con conciencia crítica.
No hay duda de que en México hemos logrado muchas cosas, pero tampoco hay duda de que siempre nos queda mucho por hacer.
En Profeco tenemos un rumbo claro: el servicio eficaz, la vigilancia en el cumplimiento de la ley y el sólido respaldo al poder de los consumidores, con información a la altura de su madurez y de su exigencia.