3 de junio de 2007

LOS LIBROS INCUNABLES

Son llamados incunables (del latín incunabulae, en la cuna) aquellos libros impresos con tipos móviles desde la aparición de la imprenta hasta el año 1501 inclusive.
El término incunable hace referencia a la época en que los libros se hallaban en la "cuna", haciendo referencia a la "infancia" de la técnica moderna de hacer libros a través de la imprenta. Así, son incunables los libros impresos (unas 13.000 obras) entre 1453 (fecha de la invención de la imprenta moderna) y 1500. No tenían portada, sus caracteres al principio eran de letra gótica y las palabras se presentan con no pocas abreviaturas imitando a los códices. Pero ya en el mismo siglo fueron adoptándose otros tipos de letras, especialmente la redonda o romana, la veneciana o itálica y cursiva mucho más legibles que las primeras y que al fin prevalecieron sobre estos (salvo en Alemania) desde comienzos del siglo siguiente. Hacia finales de éste, se introdujo el tipo elzeviriano (del holandés Elzevir) más delgado que los anteriores y después siguieron otros caracteres de fantasía con la gran variedad hasta los de hoy en día.
Los protoincunables son los libros impresos en los primeros talleres, entre 1472 y 1480. A su vez, se denominan post-incunables aquellos libros impresos a principios del siglo XVI que por error o debido a una insuficiente información han sido clasificados como incunables.
El primer impreso español que se conserva en la actualidad es el Sinodal, impreso por Juan Párix de Heildelberg (Johannes Parix) en 1472 que contiene unas actas de una reunión celebrada en Segovia.
Incunables españoles de gran valor son la Biblia (impresa en Valencia en 1478), Los doce trabajos de Hércules (originalmente escrita en catalán con el título Los dotze treballs de Hèrcules) de Enrique de Villena (Zamora, 1483), Tirante el Blanco de Joanot Martorell (Valencia, 1490), Gramática de la lengua castellana de Antonio de Nebrija (Salamanca, 1492) y la primera edición de La Celestina de Fernando de Rojas (sin fecha ni lugar de impresión).

LOS LIBROS EN LA EDAD MEDIA

Los libros —una serie de pergaminos escritos y unidos en su costado— se inventaron en el siglo V. Antes de la creación y difusión de la imprenta en Europa (siglo XVI), hacer libros era una tarea lenta, complicada y muy cara. Los escribanos profesionales podían tardar hasta cuatro o cinco meses en copiar un texto de 200 páginas; pero más costoso que este trabajo eran las 25 pieles de borrego necesarias para hacer los pergaminos donde se escribía el libro. Su valor comercial era altísimo, y sólo la gente muy rica podía comprárselos, porque eran objetos de lujo.
Muy pocas personas tenían acceso a los libros y al conocimiento que ellos comunicaban. Generalmente, se encontraban en espacios religiosos, como los monasterios. Allí había monjes especializados en el arte de la escritura que trabajaban en un lugar llamado scriptorium, donde se dedicaban a copiar libros de un altísimo valor cultural. Posteriormente, monjes ilustradores los decoraban con dibujos y pinturas en miniatura, actualmente considerados verdaderas obras de arte medieval.
LOS PRIMEROS LIBROS
Durante casi toda la Edad Media los libros constituían una propiedad colectiva, generalmente de una comunidad religiosa. Hasta el siglo XIII comenzó a generalizarse el fenómeno de la propiedad individual de un libro, por parte de un personaje religioso importante o de un laico rico. Los libros cumplían fundamentalmente dos propósitos: para el estudio y como objetos de devoción religiosa, a partir de su lectura y contemplación. En la Edad Media temprana la mayoría de los libros eran usados por sacerdotes y monjes en iglesias y monasterios. Estos libros, sobre todo las Biblias, se consideraban propiedad del santo titular de la iglesia o del monasterio, no de los individuos de la comunidad. Es común encontrar en la primera página de los libros medievales la imagen de un santo, al lado de una representación de la comunidad que ampara.
La mayor necesidad de libros se daba cuando se fundaba un monasterio y tenía que ser provisto de objetos litúrgicos. En estos casos las comunidades religiosas de las que venían el abad y los monjes del nuevo monasterio contribuían con los libros más urgentes para que la nueva comunidad practicara sus ritos religiosos. Asimismo, el trabajo intelectual era una de las obligaciones en la mayoría de los monasterios porque se le consideraba una virtud. Todos los días se concedía a los monjes tiempo libre para el estudio y se ofrecía toda clase de estímulos a los copistas de manuscritos, como no participar de las labores del campo.
Completar un manuscrito implicaba una ardua tarea. Un monje, trabajando solo, tardaría probablemente un año en copiar la Biblia. Varios copistas se quejaron de las molestias de escribir la semana entera durante todo el día: espalda vencida, músculos adoloridos, dedos entumecidos por el frío de invierno. Para el copista, escribir era luchar contra el demonio “con la pluma y el tintero”.
La edad dorada de los libros monásticos fue el siglo XII, cuando las bibliotecas de los monasterios eran los principales centros de acopio de libros, entre ellos la Biblia, trabajos de autores antiguos y contemporáneos, tratados académicos y manuales técnicos, reglas monásticas, breviarios, salmos, y otros libros de servicio religioso.
EL ACCESO A LOS LIBROS
En los primeros siglos de la Edad Media muy pocas personas tenían acceso a los libros, pues la gran mayoría de ellas pertenecían al ámbito religioso. Sin embargo, paulatinamente hubo otros grupos sociales que comenzaron a tener y usar libros, especialmente a partir del siglo XII. Además de los monjes, sacerdotes y misioneros, conocieron los libros emperadores, aristócratas, coleccionistas ricos y estudiantes que los consultaban en las bibliotecas de las Universidades que se fundaron hacia el siglo XIII.
Los libros para misioneros se relacionaban con la educación cristiana, con ilustraciones didácticas y textos explicativos (como Biblias, salmos, evangelios y libros que contenían consejos prácticos para pastores). Los emperadores y reyes encargaban libros lujosos y muy decorados, que exhibían para provocar la admiración de sus visitantes o regalaban en ocasiones especiales, generalmente en bodas o encuentros diplomáticos.
En el siglo XII, con la gradual penetración de libros en el mundo secular dio como resultado talleres laicos con escribanos profesionales que competían con los scriptoria monásticos. Hubo casos en que un grupo de laicos financiaba la fabricación de un libro. El ascenso de universidades y escuelas catedralicias creó una nueva necesidad de libros: manuales para uso escolar y educacional.
Estos fueron tratados teológicos, glosas e interpretaciones de la Biblia, manuales y textos legales, poemas didácticos, manuales astronómicos y libros sobre la naturaleza, historia, etcétera. La demanda de estos libros llevó a la emergencia del comercio profesional de libros, especialmente en los centros universitarios de Paris, Boloña, Padua y Oxford. En el siglo XIII comenzaron a proliferar los libros ilustrados de contenido secular como: crónicas de casas reales, tratados de moral, libros de cocina, libros de torneos, novelas de caballería. Estos libros se hicieron para jóvenes aristócratas, en donde se presentaba la vida ejemplar que debía seguir la aristocracia. La aristocracia también consumía libros con canciones y novelas, libros de viaje, temas antiguos y vidas de santos. El mejor ejemplo de libros dedicados a la devoción privada de los aristócratas son los “Libros de horas”, muy populares en el siglo XV. Más adelante, en los siglos XV y el XVI, se volvió popular entre los ricos coleccionar libros que contenían el pensamiento humanista de la antigüedad clásica.
EL ARTE DE LOS MANUSCRITOS ILUMINADOS
El gran desarrollo de los manuscritos iluminados fue impulsado por la invención del “libro”, es decir cuando se cambiaron los rollos de papiro por códices elaborados a partir de la unión de sus hojas. La iluminación de libros fue una de las formas artísticas más importantes hasta el siglo XVI. En los principios de la Edad Media la mayoría de los pintores de miniaturas eran monjes —ocasionalmente monjas o miembros del clero secular— que trabajaban en los scriptoria de los monasterios al lado de escribas o scriptores, que también eran monjes.
La mayoría de los artistas profesionales de la Edad Media tardía trabajaban sólo en la iluminación de libros, pero otros estaban involucrados tanto en trabajos de miniaturas como en pinturas de gran escala, como frescos y altares. Los iluminadores pertenecían a los gremios de pintores o de aquellos que se dedicaban al comercio de libros. Algunos escribas comenzaron a firmar sus textos en el siglo VI; sin embargo, no sobrevive ninguna firma de iluminadores antes de los siglos VIII y IX. En algunos casos, el escriba y el iluminador podían ser la misma persona. Generalmente, varios iluminadores compartían la decoración de un libro. Las diferentes fases de trabajo de una misma miniatura eran llevados a cabo por varios miembros de un mismo taller: el maestro era responsable de la parte más complicada y determinante del trabajo, como la composición; a los aprendices se les confiaba el trabajo más mecánico, que consumía mayor tiempo y que requería menos experiencia, como la preparación de los colores o el refuerzo en tinta del dibujo preeliminar. Algunas veces las hojas separadas de un códice que aún no era unido se daban a diferentes pintores para decorar. Ellos tenían que armonizar todo el trabajo.
Así la especialización del trabajo en la elaboración de un libro creó distintas disciplinas. Estaban quienes unían las páginas de los códices, quienes mezclaban los colores, quienes se encargaban de la composición y el diseño y dibujo de las figuras, quienes pintaban con colores las figuras, quienes hacían la filigrana y el ornamento decorativos, quienes les daban su acabado lustroso a las miniaturas, etcétera. Durante el proceso de escribir, el escriba dejaba espacios en blanco para las ilustraciones y en los márgenes del libro describía en una nota qué escenas debían pintarse; es decir dejaba instrucciones para el iluminador, incluso le decía qué colores debían emplearse en la miniatura.
En los manuscritos se pintaban diversos motivos, como figuras de animales, monstruos, caracteres humanos. Las letras iniciales de los textos frecuentemente se decoraban, generalmente con una escena relacionada con el texto. Las decoraciones más ambiciosas cubrían un cuarto, la mitad o hasta una página completa. Los iluminadores copiaban otras miniaturas o se apoyaban en manuales sobre decoración de libros.
Al principio de la decoración de un códice, el libro se encontraba en hojas separadas. Una vez que la escritura del manuscrito había sido completada, el proceso de pintura empezaba con la aplicación de los colores básicos y el delineado del dibujo. Después se aplicaban las sombras y los tonos más oscuros, luego los blancos que creaban efectos lumínicos. Los colores eran pigmentos vegetales o minerales molidos, que se integraban con clara o yema de huevo (como en la técnica de tempera), azúcar o cera de oído.
Estrictamente hablando, un manuscrito iluminado es el que contiene finas hojas de oro o plata en su diseño. Estos eran los manuscritos más preciados; sin embargo, había monjes que renunciaban a estos lujos porque se consideraban inapropiados respecto de la vida austera que debían llevar. En el caso de los libros que se vendían, muchas veces el copista dejaba en blanco el lugar de las letras floridas (capitulares) y de las miniaturas para que un comprador modesto pudiera comprar el manuscrito tal como estaba; en tanto un cliente más rico podía hacer pintar los espacios reservados.
NACIMIENTO DE LA INDUSTRIA EDITORIAL
Durante el siglo XIII se realiza una revolución en la técnica de los libros. El progreso social y el desarrollo de la cultura y la economía laicas generalizan de nuevo la necesidad de la escritura. A la sombra de las universidades —París, Boloña, Cambridge, Oxford— se constituye todo un pueblo de copistas —quienes a menudo son estudiantes pobres que se ganaban así la subsistencia— y de libreros (stationarii). El desarrollo del oficio intelectual determinó la era de los manuales. El libro deja de ser un objeto de lujo y se convierte en instrumento de trabajo. Así, el libro se convierte en un producto industrial y objeto comercial. Con la industrialización de la producción de libros disminuyó su ornamentación, dejaron de hacerse letras decoradas y las miniaturas comenzaron a hacerse en serie. También cambió el formato del libro, se hizo más pequeño y manejable para poder ser transportado de un lugar a otro. La letra minúscula gótica, más rápida, reemplazó la antigua letra, más complicada. Los nuevos tipos de letra varían según los centros universitarios: letra parisiense, inglesa, boloñesa. Esta letra corresponde también a un progreso técnico: se abandonó la caña de escribir para adoptar la pluma de ave, por lo general de ganso, que permitía mayor facilidad y rapidez en el trabajo. Finalmente, en el siglo XVI, tras la invención de la imprenta, prácticamente desapareció el arte de hacer libros artesanalmente y de iluminarlos a mano.

LOS LIBROS

Libro (del latín liber, libri) obra impresa o manuscrita no periódica que consta de una serie de hojas (más de 49 según la definición de libro dada por la UNESCO) de papel, pergamino, vitela u otro material, cosida o encuadernada que se reúne en un volumen. Un libro puede tratar sobre cualquier tema. Es cada una de las partes de dicha obra y los códigos y leyes de gran extensión.
Etimológicamente proviene de latín liber, membrana, corteza del árbol.
Un libro es una colección de uno o más trabajos escritos, usualmente impreso en papel y envuelto en tapas para proteger y organizar el material impreso.
Hoy día, no obstante, está definición no queda circunscrita al mundo impreso o de los soportes físicos dada la aparición y auge de los nuevos formatos documentales y especialmente de la World Wide Web. El libro digital conocido como e-book está irrumpiendo con fuerza cada vez mayor en el mundo del libro y en la práctica profesional bibliotecaria y documental. Además el libro también puede encontrarse en formato audio, en cuyo caso se le denomina audiolibro.
Muchas personas dicen que los libros son una forma de expresar la forma en que una persona toma todo su conocimiento al respecto al mundo, y lo manifiesta a partir de hojas con letras de una forma que se relate un documento, ya sea real o de ficción.


Ejemplar original de la Biblia de Gutenberg

La muerte del libro un falso debate

Esta recurrente discusión es en realidad un falso debate. Philippe Ollé-Laprune

Desde hace algún tiempo, cada avance tecnológico en el mundo editorial hace alzar la voz a los agoreros que anuncian una vez más, como si del fin del mundo se tratase, la muerte del libro. Esta recurrente discusión es en realidad un falso debate, ya que ni los editores, presionados por las exigencias del mercado a mantener surtidos de novedades los anaqueles de las librerías, ni el propio libro, un producto cultural creado hace más de quinientos años que se mantiene como uno de los principales fabricantes de sentido, se encuentran amenazados. Mientras este binomio sigue fiel a su propia inercia, quien despierta mayor temor por su futuro es el lector, esa figura poco estudiada cuyas motivaciones para acercarse a una obra continúan siendo oscuras.
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LA ESCRITURA

La invención de la escritura nació de la necesidad práctica de registrar inventarios. Los primeros rastros de sumerio escrito datan del año 3100 a. de N.E. y son marcas en pequeñas tabletas de arcilla que se sujetaban como etiquetas a los objetos que nombraban. Los sumerios ricos que poseían grandes depósitos de grano y rebaños de ganado usaban tabletas grandes, inscritas con pictografías en columnas para sus cuentas.
Pictografías y escritura cuneiforme
Las primeras palabras escritas fueron dibujos simplificados que se conocen como pictografías. Estos signos se trazaban sobre arcilla húmeda con una caña de punta afilada. Sin embargo, este estilo puntiagudo no perduró porque dejaba bordes irregulares en la arcilla. En su lugar, se usó el estilo con punta triangular, que se oprimía sobre la arcilla, dejando una serie de impresiones con forma de cuña, de ahí que a la escritura de Mesopotamia se le llame escritura cuneiforme (“en forma de cuña”). Asimismo, además de la arcilla, comenzaron a usarse otros materiales para escribir sobre ellos, como la piedra, vasijas de barro y en paneles revestidos de cera.
Los escribas
Los escribas eran los especialistas que se dedicaban al arte de la escritura. Estos requerían de años de estudio en la edubba, escuela mesopotamia. Cuando los escribas se convertían en profesionales siempre ocupaban cargos elevados en el gobierno porque la escritura desempeñaba una función predominante en la vida de Mesopotamia.
Con el paso del tiempo, los escribas estilizaron los toscos símbolos primitivos que sólo representaban objetos y crearon una escritura compleja capaz de expresar ideas abstractas. De este modo, la escritura permitió conservar pensamientos y experiencias. Así, la escritura alcanzó un alto grado de dificultad y en Mesopotamia llegaron a emplearse más de 700 signos diferentes. El paso final en el desarrollo de la escritura cuneiforme sucedió cuando los escribas comenzaron a usar símbolos fonéticamente para indicar sonidos al igual que ideas. Al dar a cada sonido un símbolo fonético era posible deletrear cualquier palabra en el lenguaje.
¿Para qué servía la escritura?
La función de la escritura fue amplia. Sirvió para documentos religiosos, técnicos e históricos, tablas astronómicas, inventarios de productos agrícolas, códigos de derecho, textos médicos, crónicas literarias, poesía, etcétera. Se han encontrado miles de tabletas inscritas. A la escritura se le otorgaron también cualidades mágicas y ceremoniales. En los cimientos de templos y palacios se colocaba una tableta dirigida a uno de los dioses mesopotamios y era común que la gente cargara amuletos con inscripciones para ahuyentar a los malos espíritus

HISTORIA DE LOS LIBROS

HISTORIA DE LA IMPRENTA
Las piedras para sellar representan la forma más antigua conocida de impresión. Se usaban en la antigüedad en Babilonia y otros pueblos, como sustituto de la firma y como símbolo religioso. Estos sellos servían para imprimir sobre arcilla, las piedras mostraban dibujos tallados o grabados en la superficie. Frecuentemente, el sello se colocaba en un anillo, se coloreaba con pigmento o barro y se prensaba contra un soporte para conseguir su impresión.
La evolución de la imprenta desde el método sencillo hasta el sofisticado proceso de imprimir en prensa tuvo lugar de forma independiente en diferentes épocas y en distintas regiones del mundo.
En las civilizaciones egipcia, griega y romana, los libros se copiaban a mano, usando tinta, pluma y pincel. En la antigua Roma, algunas ediciones coloreadas alcanzaron tirajes de hasta 5.000 ejemplares. Las tareas de copia corrían a cargo de esclavos ilustrados.
En los monasterios medievales aún se elaboraban estos manuscritos.
IMPRESIÓN EN ORIENTE
Ya en el siglo II d.C., por lo menos un siglo después de haber comenzado con la impresión de dibujos e imágenes sobre tejidos, los chinos habían desarrollado el arte de imprimir textos. Los soportes de escritura comunes del antiguo mundo occidental, el papiro y el pergamino, no resultaban apropiados para imprimir. El papiro era demasiado frágil como superficie de impresión y el pergamino, un tejido fino extraído de la piel de animales recién desollados, resultaba un material caro.

El papel, por el contrario, inventado por los chinos en 105 d. C. es bastante resistente y económico. El arte de la fabricación de papel, que llegó a Occidente durante el siglo XII, se extendió por toda Europa durante los siglos XIII y XIV. Hacia mediados del siglo XV, ya existía papel en grandes cantidades. En América, las antiguas culturas mexicanas usaban la corteza de un árbol llamado amate como soporte para sus documentos. La práctica de los chinos budistas de confeccionar copias de las oraciones y los textos sagrados favorecieron los métodos mecánicos de reproducción.
Los primeros ejemplos conocidos de impresión china, producidos antes de 200 d.C., usaban letras e imágenes talladas en relieve en bloques de madera. En 972 se imprimieron con este método las más de 130.000 páginas de los Tripitaka, los escritos sagrados budistas.
En esta época, los chinos pasaron de los bloques de madera a la impresión con tipos móviles, usando caracteres sueltos dispuestos en fila, como se sigue haciendo hoy en día. Debido a que el idioma chino exige entre 2.000 y 40.000 caracteres diferentes, los antiguos chinos no consideraron útil dicha técnica, y no desarrollaron el invento.
Los tipos móviles, fundidos en moldes, fueron inventados independientemente por los coreanos en el siglo XIV, pero también los consideraron menos útiles que la impresión tradicional a base de bloques.

IMPRESIÓN EN OCCIDENTE
A mediados del siglo XV, en Europa se efectuó la primera fundición de tipos móviles de metal. En cuanto a los detalles, el invento difiere conside-rablemente de otros anteriores del Extremo Oriente: Los impresores orientales utilizaban tintas solubles en agua, los occidentales emplearon tintas diluidas en aceites. En Oriente, las impresiones se conseguían oprimiendo el papel con un trozo de madera contra el bloque entintado.

Los impresores occidentales utilizaban prensas mecánicas de madera cuyo diseño recordaba el de las prensas de vino.Los impresores orientales que utilizaron tipos móviles los mantenían unidos con barro o con varillas.
Los impresores occidentales desarrollaron una técnica de fundición de tipos de tal precisión que se mantenían unidos por simple presión aplicada a los extremos del soporte de la página.
Con este sistema, cualquier letra que sobresaliera sobre las demás, podía hacer que las letras de su alrededor quedaran sin imprimir. La invención de un método que permitiera fundir letras con dimensiones precisas representa el mayor avance del invento occidental.
IMPRESOS ILUSTRADOS
Con la llegada de la imprenta en la época del renacimiento, los artistas comenzaron a grabar sus obras en madera o metal, posibilitando su reproducción con la imprenta. Entre los artistas famosos del renacimiento que produjeron ilustraciones para libros se hallan el italiano Andrea Mantegna y los alemanes Alberto Durero (Albert Dürer) y Hans Holbein el Joven cuyos trabajos contribuyeron de manera notable en el desarrollo del arte renacentista. En México, José Guadalupe Posada fue uno de los primeros grabadores importantes del Nuevo Mundo.
LAS PRIMERAS APLICACIONES
Los impresores del norte de Europa fabricaban sobre todo libros religiosos, como biblias, salterios y misales. Los impresores italianos, en cambio, componían sobre todo libros profanos, por ejemplo, los autores clásicos griegos y romanos redescubiertos recientemente o las obras científicas de los eruditos renacentistas.
Una de las primeras aplicaciones importantes de la imprenta fue la publicación de panfletos: en las luchas religiosas y políticas de los siglos XVI y XVII, los panfletos circularon de manera profusa. La producción de estos materiales ocupaba en gran medida a los impresores de la época.
Los panfletos tuvieron también una gran difusión en las colonias españolas de América en la segunda mitad del siglo XVIII.

EL INVENTOR DE LA IMPRENTA EN OCCIDENTE
De acuerdo a la tradición occidental, el alemán Johann Gutenberg, originario de la Ciudad de Maguncia (Mainz), inventó la imprenta en Occidente en 1450. La publicación más famosa de este impresor es la conocida Biblia de Gutenberg.
La figura de Martín Lutero y la Reforma, así como las subsiguientes guerras religiosas, dependían en gran medida de la prensa y del flujo continuo de impresos.

El libro y las nuevas tecnologías

La tecnología implica un cambio en la manera de hacer las cosas.
Alejandro Zenker

1. AntecedentesPara quienes hemos vivido la revolución tecnológica de fines de milenio desde sus inicios, hablar de nuevas tecnologías tiene sin lugar a dudas un carácter ambivalente. Por un lado, está la nostalgia por lo que se va perdiendo, y por el otro, el encantamiento por lo que surge o se avizora. Ya hemos vivido en varias ocasiones el surgimiento de nuevas tecnologías que nos obligaron tarde o temprano a cambiar nuestra manera de hacer las cosas.
Recuerdo particularmente la experiencia, para muchos traumática, del surgimiento de los primeros programas de composición tipográfica y formación, como Page Maker y Ventura, basados en las computadoras personales, las impresoras láser y los escáneres. Fuimos de los primeros en incorporar esas tecnologías en la producción de libros. En un principio, muchos editores rechazaban los resultados. La baja resolución de sólo 300 puntos por pulgada y un deficiente manejo de las variables tipográficas versus la meticulosa labor de los linotipistas o de los programas de fotocomposición en uso en esos entonces hacían ver las pruebas láser como una broma pueril.
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EL LIBRO ELECTRÓNICO

¿Qué es?

En 1971 se dieron los primeros pasos hacia lo que hoy en día conocemos como libro electrónico o libro digital, con Michael Hart al frente del Proyecto Gutemberg (www.gutenberg.net.) de la Universidad de Illinois, el cual consiste en una biblioteca digital gratuita en cuyo acervo se encuentran obras clásicas de autores como Skakespeare, Poe y Dante y otras del dominio público (no sujetas a derechos de autor), cuya colección alcanza la suma de 2,000 libros hasta abril del 2002.
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EDITORIAL RCTV: HECHOS Y DISTORSIONES

La salida del aire de la televisora venezolana Radio Caracas Televisión (RCTV), a raíz de la negativa del presidente Hugo Chávez a renovarle la concesión, ha generado un enorme impacto mediático y político en Venezuela y en el mundo. Las reacciones van desde las aprobatorias, que califican el acto como una reivindicación de la legalidad y la soberanía del Estado, hasta la condena por parte de quienes señalan que se trata de un grave atentado a la libertad de expresión y de una medida dictatorial.
A primera vista parece desmesurado el ruido generado por el episodio, porque lo que se describe como el cierre de un canal es, en realidad y en sentido estricto, la no renovación del usufructo de una frecuencia determinada. A este respecto, queda fuera de cuestión el hecho de que el espectro radioeléctrico no debe ser, en ningún país, propiedad de particulares, sino una extensión de los territorios nacionales y un bien público susceptible, sí, a ser concesionado por medio de reglamentos que garanticen la transparencia, la imparcialidad y el respeto a la libertad de expresión por parte de las autoridades, y que estipulen el acatamiento de las leyes por parte de los concesionarios y su compromiso de operar con tolerancia, pluralidad, y sentido democrático y de interés nacional.
Es peligroso, sin duda, que los gobernantes otorguen o retiren concesiones con base en afinidades o divergencias políticas e ideológicas, o bien en función de sus propios intereses económicos particulares. Pero también es inaceptable que los concesionarios abusen de sus títulos y den un uso faccioso a sus señales, distorsionen los procesos institucionales con el poder que les otorga la operación de medios masivos o utilicen las transmisiones para incitar al incumplimiento de las leyes. En el caso de RCTV, suele omitirse que esa empresa otorgó pleno respaldo informativo a la intentona golpista ocurrida en 2002 y que, en general, ha sido un factor aglutinante de primera importancia en la campaña de desestabilización contra el gobierno -legalmente constituido- de Venezuela.
Más aún, no puede obviarse que, ante la crisis de los partidos políticos tradicionales, los grandes consorcios mediáticos, encabezados por RCTV y Venevisión, se convirtieron en el instrumento para agrupar a la oposición, crear liderazgos y movilizar a una parte de la población en contra de un gobierno legítimamente constituido. Ninguna autoridad en su sano juicio puede permitir que un medio de comunicación se aproveche de una concesión -como es el caso de televisoras y radios- que pertenece al Estado para lanzar campañas de desestabilización que van en contra de lo que la población decidió, libremente, en las urnas. Y el respeto a la voluntad popular está más allá de las manipulaciones que se hacen en torno de la libertad de expresión en los grandes consorcios mediáticos.
En Venezuela hay periódicos para todos los gustos. Desde los más ácidos hacia la gestión del presidente Chávez hasta los que celebran todas y cada una de sus decisiones. Es cosa de ellos. Son empresas libres y soberanas que no ocupan bienes de la nación. Y ahí siguen. De modo que habría que tener más cuidado a la hora de hablar de la libertad de expresión, independientemente de que se esté o no de acuerdo con la decisión de no renovar la concesión a RCTV. Ese es otro tema.
Sin embargo, la negativa de renovación de la concesión de RCTV, decidida en primera instancia por el Ejecutivo y luego ratificada por el Poder Judicial, se traduce en una circunstancia traumática y de mayores alcances a los de un mero acto administrativo, porque implica la salida del aire de un canal con tradición, arraigo y presencia en la cultura nacional de Venezuela, deja en la incertidumbre a la planta laboral y podría privar de medios de expresión a un sector de oposición que, por radical y virulento que sea, tiene una presencia incuestionable en el mapa político del país sudamericano.
El hecho, por sí mismo, no constituye un atentado contra la libertad de expresión ni representa la clausura o la censura de un canal; de hecho, la empresa afectada puede continuar con sus transmisiones por cable, satélite o banda ancha. Pero son motivo de alerta y preocupación las recientes amenazas del mandatario venezolano al otro gran consorcio televisivo privado, Globovisión, así como a radiodifusores opositores: de concretarse, tales amenazas darían cuenta de un escenario de represión por parte del gobierno hacia quienes sostienen opiniones políticas contrarias. Si Chávez realmente quiere convencer a la sociedad de su país y a la opinión pública internacional de que lo ocurrido con RCTV no es un ataque al derecho de sus adversarios a opinar, tendrá que demostrarlo dándoles espacio y tribuna en la nueva entidad estatal Televisora Venezolana Social (Tves) y en el conjunto de medios gubernamentales.
En México, el panorama es, en cierto modo, inverso al de Venezuela. Aquí las empresas mediáticas hegemónicas ejercen un poder político de facto tan desmesurado que logran someter a los órganos legislativos, inciden impunemente en procesos electorales para presionar resultados acordes a sus intereses y utilizan su fuerza mediática para destruir, en términos informativos, a individuos, movimientos y expresiones sociales que les disgustan. Estas empresas, además, suelen utilizar sus concesiones en forma irresponsable, mercantilista, de espaldas a la educación, la cultura cívica y, muchas veces, a la verdad. Se trata de señales que banalizan, distorsionan y vulgarizan todo lo que tocan; sus contenidos son, por norma, amarillistas y escandalosos, exaltadores del morbo y de la violencia, y en fechas recientes han incursionado en la promoción y la explotación de las ludopatías del público al convertir sus señales televisivas en máquinas de apuestas y sorteos.
Para ponderar la capacidad de distorsión que puede poner en práctica la televisión privada en México basta con referirse a la campaña sucia desatada por el duopolio televisivo en contra de los ex senadores Javier Corral Jurado y Manuel Bartlett Díaz, quienes honorablemente se opusieron a la aprobación de ese engendro legislativo entreguista, inmoral y contrario al interés nacional popularmente conocido como ley Televisa.
En suma, resulta grotesco que los actuales dueños de los medios de comunicación en México quieran presentarse como víctimas, en un improcedente paralelismo con lo que ocurre en Venezuela: el gobierno de ese país, con razón o sin ella, ha adoptado una medida sin duda drástica y cuestionable contra un consorcio mediático privado; aquí, en cambio, el país sufre los efectos de la inveterada alianza entre los medios electrónicos privados y los grupos de interés enquistados en las instituciones públicas. Es de esta maraña de complicidades de donde provienen algunas de las principales amenazas a la libertad de expresión, a la pluralidad política e ideológica y a las aspiraciones democráticas de la sociedad. Puesto en otros términos, quienes coartan la libertad de expresión de los comunicadores y niegan el derecho a la información de las audiencias son, en primer lugar, los dueños de los consorcios y los titulares de las concesiones, los cuales suelen supeditar la línea editorial y la oferta informativa de sus medios a sus propios intereses y conveniencias político-empresariales.

CON VENEZUELA Y CONTRA BUSH

Angel Guerra Cabrera

Según un titular de primera plana del diario español El País, en Venezuela ha desaparecido una televisora "libre". Atormentado por la ola antimperialista latinoamericana, parecería que el vocero madrileño del coloniaje postmodern contrató como titulista del día a Robert Menard, cabecilla de Reporteros sin Fronteras (RSF), que no se ha enterado todavía del asesinato en Irak por la democrática metralla yanqui del camarógrafo español José Couso.
¿Qué es una prensa libre para George W. Bush, su sirviente Oscar Arias, El País, la Sociedad Interamericana de Prensa, la CNN, el Grupo de Periódicos de América y RSF? Pues, claro, un jugoso bussines al que nadie en el mundo puede cuestionar el derecho a publicar lo que se le antoje... a sus dueños y a callar la monopólica explotación de los muchos, el saqueo del erario y los recursos naturales por un puñado de corruptos, las elecciones fraudulentas y la depredación ecológica típicos del capitalismo neoliberal, así como las luchas populares que se le enfrentan.
Los medios "libres" no aceptan los deberes de un servicio público, como el que se supone que presten, y al contrario, en nombre de la propiedad privada y de prensa inducen al racismo, el hedonismo y la superficialidad, ofenden la dignidad de la mujer y de los sexualmente diferentes, enaltecen el american way of life, el consumismo y las guerras de agresión imperialistas, denigran los valores culturales nacionales y universales, difaman a los líderes populares y promueven el derrocamiento por la fuerza de los gobernantes defensores de la soberanía, la justicia social y la solidaridad entre los pueblos. Todo cuestionamiento al cruel orden que los sostiene y hacen suyo lo califican de antidemocrático, autoritario, autocrático y populista. No hay más que dedicar unos minutos a la desagradable tarea de visionar o escuchar la programación del duopolio televisivo-radial mexicano o la de cualquiera otro de sus congéneres en América Latina para comprobarlo.
Es natural, pues, que los megaempresarios de la (des)información y la perversión mediática arremetan con una descomunal campaña de mentiras y calumnias contra la decisión constitucional y legítima del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de no reanudar la concesión de la golpista Radio Caracas Televisión y sustituirla por una televisora social, haciendo así valer la soberanía del Estado sobre el espacio radioeléctrico y la regulación de la comunicación.
Y es que en los años en que ha reinado el neoliberalismo en el mundo ningún gobierno se había atrevido a aplicar la ley a los pulpos mediáticos que se sienten por encima de ella. Acostumbrados a comprar e intimidar funcionarios y legisladores, acusan, juzgan y condenan desde el éter, sin derecho a réplica, a quienes se les oponen, aplicándoles el fusilamiento mediático o la mordaza, equivalente contemporáneo de la hoguera de la Inquisición. Ningún consorcio informa que en Venezuela la inmensa mayoría de los medios -escritos, televisivos y radiales- son privados, no sufren ni sombra de censura y en este mismo instante algunos, como Globovisión, incitan al magnicidio y a la revuelta callejera.
La intensificación actual de la campaña de propaganda contra Chávez es parte de un plan subversivo que busca provocar al gobierno y pueblo venezolanos, preferentemente haciendo que corra la sangre, y crear la percepción de que en Venezuela hay una crisis de gobernabilidad que justifique medidas punitivas por la "comunidad internacional", con la ilusión de azuzar a segmentos de la fuerza armada a un nuevo golpe de Estado.
Las recientes marchas y actos vandálicos de estudiantes de universidades privadas, y de algunas públicas, empujados por la esquizofrenia de las televisoras golpistas que aún quedan y por irresponsables profesores, en complicidad con alcaldes contrarrevolucionarios, forman parte del guión desestabilizador de la CIA. Como dicen los partidarios del presidente: "Chávez los tiene locos". A Bush, a la contrarrevolución local y a sus pares de la región. Están desesperados porque cada nueva conspiración fortalece a la revolución bolivariana.
Washington anhela acabar con el ejemplo de democracia desde abajo que nacionalizó el petróleo, desechó el neoliberalismo y revive a Bolívar cotidianamente. Por eso la pelea de Venezuela es decisiva para América Latina y para todos los pueblos. Merece y necesita ahora la solidaridad activa de las personas honestas de los cuatro puntos cardinales.